Cuando vemos algo, el ver origina una respuesta. Vemos una camisa verde, o un vestido verde, y el acto de ver despierta la respuesta. Entonces se produce el contacto. Luego, a causa del contacto, el pensamiento crea la imagen de uno con esa camisa o ese vestido, y entonces surge el deseo. O uno ve un automóvil detenido en el camino; tiene hermosas formas, un pulido perfecto, y detrás de ello se percibe muchísimo poder. Entonces uno camina alrededor del auto, examina el motor... EL pensamiento crea la imagen de uno mismo que entra en el automóvil, enciende el motor y, poniendo los pies en los pedales, lo maneja. Así es como comienza el deseo; el origen del deseo es el pensamiento que crea la imagen; hasta llegar a ese punto, no hay deseo. Están las respuestas sensorias, que son normales, pero luego el pensamiento crea la imagen y desde ese instante se pone en marcha el deseo.
Ahora bien, ¿Es posible que no surja el pensamiento creando la imagen? Esto es aprender acerca del deseo, lo cual es, en sí mismo, disciplina. Disciplina es el aprender acerca del deseo, no el controlarlo. Si aprendemos verdaderamente acerca de algo, ello se ha terminado. Pero si decimos que debemos controlar el deseo, nos encontramos en un terreno por completo diferente. Cuando ustedes capten la totalidad de este movimiento, descubrirán que el pensamiento con su imagen habrá dejado de interferir. Tan sólo verán, experimentarán la sensación; ¿qué hay de malo en ello?.
Krishnamurti (La madeja del pensamiento).

Es preciso comprender de una vez para siempre, que nosotros estamos programados para responder a todo lo que nos llega. Es una ilusión creer que a uno no le afectan las impresiones violentas, desagradables, o las situaciones que nos gustan y en la que estamos a gusto.
ResponderEliminarPor eso, cuando sentimos algo, que rechazamos o queremos, es una pérdida de energía luchar contra ello. Es como si sintiéramos calor, agobio, o frío paralizante, y no quisiéramos responder, ¿tiene eso algún sentido verdadero?
De manera que, si estamos abiertos, sin prejuicios, cuando nos llega una situación o alguien, si lo rechazamos o huimos, ahí está la confusión y el desorden. Pero si llega un reto cualquiera y lo observo, sin huir ni querer rechazarlo ni cambiarlo, me acerco a él muy cerca, entonces él me cuenta su historia, me cuenta su secreto.