Porque así se obran los milagros.
Descorren el velo y lo cambian todo, pero no nos dejan ver lo que hay más allá del velo.
Nos hacen escapar ilesos del valle de las sombras y de la muerte, pero no nos dicen por qué camino nos condujeron hasta las montañas de la alegría y de la luz.
Abren puertas que estaban cerradas con candados imposibles de romper, pero no usan ninguna llave.
Rodean los soles con planetas para que no se sientan solos en el Universo, e impiden que los planetas se acerquen demasiado para que los soles no los devoren.
Convierten el trigo en paz a través del trabajo, la uva en vino a través de la paciencia y la muerte en vida a través de la resurrección de los sueños.
Por tanto, Señor, danos hoy el milagro nuestro de cada día.
Y perdónanos si no somos capaces de reconocerlo siempre.
El manuscrito encontrado en Accra.
